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Empleado, freelance o plan de mantenimiento: ¿quién debe cuidar la web de tu empresa?

Tarde o temprano, toda empresa con web se hace la misma pregunta: ¿quién debe ocuparse de ella? ¿Un empleado? ¿Un freelance? ¿Una empresa especializada con un plan mensual? ¿O «el del despacho que se le dan bien los ordenadores»? La buena noticia es que la respuesta correcta depende de una sola cosa, fácil de estimar: cuántas horas de trabajo real necesita realmente tu web cada mes.
Adelanto: para alrededor del 90 % de las webs de empresa, la respuesta es «menos de 5 horas al mes». Y eso cambia por completo las cuentas. Veamos cada opción por separado, con cifras y sin romanticismo.
Opción 1: un empleado propio
Parece la opción «más segura»: tienes a tu persona, a mano. En realidad es la más cara y rara vez está justificada. Un empleado que de verdad sepa mantener una web (servidor, PHP, seguridad, algo de diseño) cuesta, con impuestos incluidos, entre 500 y más de 1.000 € al mes, incluso a media jornada. Y tiene que saber de todo: si es bueno en diseño pero no sabe nada de seguridad del servidor, el agujero sigue ahí.
Hay otro problema: la continuidad. El empleado se va de vacaciones, se pone enfermo o dimite, y la web se queda huérfana justo cuando la necesitas. Un empleado dedicado solo merece la pena si tienes una web grande, con cambios diarios y un volumen de trabajo real. Para una web corporativa o una tienda pequeña, estás pagando un sueldo por unas pocas horas de trabajo al mes.
Opción 2: un freelance
Flexible y mucho más barato, de ahí su popularidad. Un buen freelance puede hacer un trabajo excelente. Los problemas no son de competencia, sino de estructura:
- Disponibilidad incierta. Tiene otros 20 clientes. Cuando tu web se cae un día en que está ocupado con otro, esperas.
- Falta de procedimientos. ¿Hace copia antes de actualizar? ¿Te envía un informe? A menudo no, porque no tiene un sistema, tiene un estilo personal de trabajo.
- El mayor riesgo: desaparece. Es el problema más habitual con el que nos llaman: el desarrollador o freelance que les hizo la web simplemente deja de responder. Sin contrato, sin garantía de tiempo de respuesta y sin entrega de accesos, te quedas bloqueado.
Un freelance es una buena solución mientras la relación funcione. Pero es una relación sin red de seguridad, y eso es justamente lo que la hace arriesgada a largo plazo.
Opción 3: «se ocupa alguien de la empresa que sabe de esto»
El clásico «mi sobrino, que se le dan bien los ordenadores» o el compañero de marketing que «ya ha hecho webs». El coste aparente es cero, y ahí está justamente la trampa. En realidad:
- Lo hace a ratos, cuando tiene tiempo, sin una rutina real.
- Pulsa «Actualizar todo» sin copia previa, porque «hasta ahora ha funcionado».
- Y cuando la web se rompe de verdad, no sabe arreglarla, así que acabas igualmente con un profesional, solo que ahora en régimen de urgencia y más caro.
«Gratis» se convierte rápidamente en la opción más cara el día en que algo se rompe de verdad.
Opción 4: un plan con una empresa especializada
Aquí pagas un coste fijo y pequeño (desde 34,99 €/mes) por tres cosas que las demás opciones difícilmente ofrecen:
- Procedimientos. Cada intervención sigue un flujo claro: copia → actualización → prueba. No depende del ánimo de nadie.
- Continuidad. Detrás hay un equipo, no una persona. Si uno está de vacaciones, otro toma el relevo. La web nunca se queda huérfana.
- Responsabilidad contractual. El tiempo de respuesta está comprometido por escrito. Si una actualización rompe algo, es su trabajo arreglarlo, a su coste.
La tabla de decisión: los 6 criterios que importan
Para ver la diferencia de un vistazo, compara las cuatro opciones según los criterios que de verdad cuentan:
- Coste mensual: empleado 500-1.000+ € · freelance 15-40 € · interno «gratis» (pero riesgo alto) · plan 35-190 €.
- Disponibilidad: empleado alta (pero con vacaciones) · freelance incierta · interno «cuando pueda» · plan garantizada por contrato.
- Procedimientos: dependen de la persona en las tres primeras · estandarizados con un plan.
- Continuidad: frágil en las tres primeras (una sola persona) · cubierta por un equipo con un plan.
- Responsabilidad: difusa en las tres primeras · contractual con un plan.
- Escalabilidad: pesada con empleado o interno · limitada con freelance · flexible con un plan (cambias de nivel).
Cuándo NO es un plan la solución (sí, esos casos existen)
Seamos justos: un plan de mantenimiento no es una respuesta universal. Si tienes una web con desarrollo intenso y diario (una plataforma que cambia constantemente, con un equipo de contenidos trabajando sin parar), entonces necesitas personal interno dedicado, no un plan de mantenimiento. Esa honestidad importa: si alguien te vende un plan como cura para todo, desconfía.
Para la gran mayoría de las empresas, en cambio (una web corporativa, una tienda pequeña o mediana, unas pocas horas de trabajo real al mes), un plan gana con holgura en la relación coste-tranquilidad. Y, a diferencia del freelance, no desaparece. Si quieres entender qué entra (y qué no) en ese tipo de plan, escribimos aparte sobre qué incluye un plan de mantenimiento.
El paso cero, sin riesgo
No tienes que decidir ahora mismo. El primer paso más sencillo es una auditoría gratuita: miramos tu web, te decimos en qué estado está y cuánto trabajo requiere realmente al mes. Solo entonces decides qué opción te conviene, con cifras delante y no a ojo.
Y si quieres comparar directamente el coste de un plan con lo que pagarías a un empleado o en intervenciones de urgencia, tienes todas las cifras en la página de precios, de forma transparente y sin «pide presupuesto».




